
Ayer, leyendo la prensa, advertí una noticia algo excepcional de la cual la mayoría de diarios de ámbito estatal se hacían eco. El suceso era acerca de una operación en la que la policía española y portuguesa decomisaba alrededor de cinco toneladas de cocaína el pasado 22 de diciembre. Hasta aquí todo bastante habitual. Pues, normalmente, la mayoría de noticias que se publican sobre el tema drogas tienen que ver con detenciones realizadas por tráfico de sustancias ilegales.
Sin embargo, este caso es inusual. Resulta que la organización criminal pretendía introducir un contenedor frigorífico en el que se guardaban 24 toneladas de pulpo congelado, pero… ¡Sorpresa! El pulpo iba acompañado con una salsa de clorhidrato de cocaína, aproximadamente unas cinco toneladas de la droga, que se pretendían distribuir por Europa, pasando por Portugal y España. La mala suerte es que la policía realizó el test de cocaína a una de las cajas que contenían los octópodos y dio positivo. Y, lógicamente, les cayó la del pulpo.
Hasta la misma policía ha destacado la “singularidad” del proceso de camuflaje, cosa que me ha recordado a las conversaciones con una compañera que trabajó, en periodo de prácticas, en una de las prisiones de Barcelona como Educadora Social. Desde el primer momento, entabló relaciones cordiales con los presos y éstos les explicaban sus estrategias a la hora de entrar sustancias ilegales en la cárcel. Sí parece mentira, a pesar de los rigurosos controles que ejercen los funcionarios, la droga entra y se consume.
Uno de los camuflajes que más me llamó la atención fue la “operación naranja”. La táctica trataba de, mediante una jeringuilla (de las que usan para ponerte las vacunas), inyectar a través de los poros de la piel de la naranja clorhidrato de cocaína. Entonces, en el bis a bis, uno de los familiares del preso le entregaba un paquete con comida, nada sospechoso, que contenía las naranjas con el polvo blanco. Y luego para desayunar, zumito de cocaína. Un procedimiento bastante peculiar igual que el novedoso pulpo a la cocaína. No obstante, los funcionarios de esta prisión empezaron a notar estados extraños y prohibieron la entrada de alimentos, por lo que se les acabó el chollo. Pero los presos al igual que los narcotraficantes no van a renunciar a su consumo o negocio, por lo que pronto veremos en la prensa o escucharemos a través de comentarios nuevas estrategias insólitas para hacer llegar la droga a las manos de su consumidor.
Información consultada:
http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=472520&idseccio_PK=1021&h=080107
http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=472520&idseccio_PK=1021&h=080107
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada